Existen eventos que nos representan logros, avances o simplemente la satisfacción de estar viviéndolos. Hoy deseo compartir algo que en algún momento publiqué, pero que por razones que desconozco se perdió[1] y aquí estoy de nuevo, recurriendo a la memoria para recordar y escribir esta historia.
Corría la mañana del día sábado 10 de mayo del 2014, era el tan anhelado momento de recibir mi diploma como teólogo, y como es evidente, la ocasión me llenaba de alegría y satisfacción. Sin embargo, algo opacaba mi momento. En días anteriores había acomodado mi traje, el que usaría para mi grado, mi pantalón, la camisa, la corbata y el saco, pero me faltaba algo; desde siempre quise graduarme con “converse rojos” (en algún momento escribiré sobre mi historia con estos zapatos). Por esta razón, en días anteriores visité varios almacenes buscándolos, pero no los hallé.
El día viernes, mi papá, dándose cuenta que no los había conseguido, se ofreció a buscarlos y llevarlo a casa en la noche. Esperanzado y confiado esperé a la noche, pero cuando llegó a casa, no tenía los zapatos, no los había conseguido. Esta situación opacaba el anhelo de graduarme como había pensado (si, puede ser algo raro, pero cada quien tiene gustos y satisfacciones, en este caso la mía era esa).
Al siguiente día, debía estar en la universidad a las 8:00am para los últimos ensayos, los invitados estaban citados a las 10:00am. Mi padre me acompañó y nos fuimos para la universidad, mi madre, hermana y sobrinos llegarían después con los invitados a la ceremonia. Como muchos sabrán, la universidad Bautista queda en la avenida Guadalupe (carrera 56) con 1ª; cuando llegamos a la plaza de toros (56 con 5ª) mi padre detiene el taxi y me dice, sigan, yo llego ahora.
No se me hizo raro, pensé que haría algo mientras pasaban las dos horas para dar comienzo a la graduación. Llegué a la universidad, me puse la toga, y claro, sin mis zapatos queridos, me había puesto unos “converse negros” y sobre la hora de inicio, resignado estaba haciendo la fila esperando el aviso para entrar al auditorio.
Estando en este momento de suspenso, esperando la voz de “pueden seguir” escucho que alguien me llamaba, voy a ver y era mi padre; ahí estaba él, si, con una chuspa, la cual me entregó y me dijo: cámbiese rápido, me quité los zapatos, me puse los nuevos y él se fue al auditorio. No lo podía creer, mi padre había ido a Cosmocentro (Un CC en la 50 con 5ª) a buscar mis anhelados zapatos.
Y como se imaginarán, me gradué, recibí mi título como lo había querido, con mis “converse rojos”.
Con esto quiero compartirles que hay personas que nos aman, que nos demuestran su amor, su comprensión, en este caso, mi padre; quien se esforzó por sumar a mi alegría, la misma que tengo al recordar su bonito gesto en un día especial para mí.
[1] Esta historia la publiqué en junio de 2020; pero a finales del 2020 este portal fue hackeado y toda la información se perdió. Las razones del sabotaje y el responsable los desconozco.