Elogio al fracaso

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Julio 11 de 2013

Perder no es bueno, pero es la única forma que tiene el hombre para mejorar…[1]

Honestamente ningún mortal desearía sufrir un fracaso, siendo así que muchas personas cuando comienzan una idea, planean los detalles tan meticulosamente con el objetivo de tener un final feliz y satisfactorio

Por tal razón dudo con total seguridad que alguna persona incluya en su proyecto  de vida unos cuantos fracasos a corto, mediano  y largo plazo.

Incluso, algunas universidades incluyen en primer semestre una materia llamada Proyecto de Vida, donde solicitan y orientan a los estudiantes a realizar su proyecto; en ella, el profesional en psicología encargado de dictarla hace partícipe a los matriculados de distintas actividades, pasando por exposiciones, álbumes, charlas, videos y en algunos casos, como me correspondió  cuando comencé comunicación gráfica, la psicóloga guía a la realización de una  regleta sobre la vida del participante, marcando en ella los eventos importantes  del pasado, del presente y los anhelos sobre el futuro académico, profesional, incluso sentimental.

Sonará básico, pero en la categoría del pasado se vincula las alegrías, las tristezas, los fracasos, las personas que más han influido en la construcción de la personalidad, etc., pero en la parte del futuro, sólo se escriben y dibujan los anhelos más positivos, esos deseos triunfalistas y claro, es que en el papel todo se puede, en él escribimos los deseos más curiosos y ambiciosos que tenemos, de no ser así, nadie se atrevería a escribir.

A menudo somos educados para avanzar, todos queremos alcanzar las cosas con el primer intento, con el primer impulso, pero como dijera el refrán popular: “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. Cuando nos aconsejan y adulan sobre los proyectos que iniciamos, son pocos los que aterrizan de buena manera con sus consejos de cuidado y prevención, la mayoría  (no todos) sólo dan palmaditas hipócritas en la espalda, con la frase mental: “veamos hasta donde llega este  iluso pensador”.

Cuando se avanza en un proyecto, en una idea, en una empresa (entendiendo ésta como la acción de emprender algo), nadie comparte más claramente el objetivo que el dueño de la misma, y aunque lo comparta a los demás, pocos  son los que lo aceptan y lo viven como es; por ello ante el primer obstáculo y/o fracaso, los miembros del equipo inicial se reducen, siendo pocos los que continúan, repiensan y hacen de ese fracaso una opción para avanzar con un paso más firme.

Algunos recordarán a Steve Jobs, quien fundó una empresa de la cual al tiempo lo despidieron, ¿acaso esto no es un fracaso? Que al mismo fundador lo despidan es verdaderamente una acción triste. De igual forma pensemos en los  que inventaron los equipos de motor (motos, vehículos de cuatro ruedas, etc.), éstos  también fueron compañeros del fracaso, varios de sus  intentos sufrieron las calamidades en la destrucción de  sus primeras muestras; sin embargo, no desistieron hasta que lograron ese cambio del transporte halado por caballos, a unos movidos por  motor.

Ningún resultado tiene real satisfacción si no ha pasado por fracasos en su desarrollo, pero es ahí donde está la clave,  sino hubieran existido fracasos en el desarrollo de proyectos, hoy no tendríamos buenos celulares como el IPhone, no tendríamos revistas que realmente  ayudan en la construcción integral y no solamente al ocio del chisme, en fin, gracias al fracaso e insistencia de unos cuantos que decidieron no renunciar y hacer de cada desdicha una razón para continuar, hoy gozamos de grandes beneficios.

Cuando tengas ideas, lucha por ellas; pero ten en cuenta que  obstáculos y fracasos te acompañarán  al inicio, en el desarrollo o llegando el final, o en su defecto, en todas las etapas; sin embargo, es grata la satisfacción cuando las cosas son pensadas y reestructuradas. Las dificultades ayudan a pulir los ideales y a su vez a mejorar los detalles.

¿De cuántos beneficios y servicios hemos sido privados debido a la ausencia de valentía  de unos cuantos para levantarse y continuar? ¿Cuántas veces nosotros mismos hemos sido esos cobardes que lloramos frente al fracaso y no vemos que ellos son  una cantera de oportunidades?

[1] Leonel Álvarez

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